3 abr 2012

Te enterraré en un verso... - José María Parreño.

Te enterraré en un verso
que no he encontrado aún,
maniatada con tinta
en una zanja escrita a tu medida,
en un renglón de abismo
cavado para ti.
Te haré pedazos, letras.
Desmembrada. Y así
todos podrán leerte
y nadie, escúchame,
nadie
descubrirá tu cuerpo.

Te sé... - José María Parreño.

Te sé
oxidada de silencio y noviembre
y abrazada a tus piernas
y desnuda
se te enfría
la saliva en los labios
y hasta tu sombra es dura
en la alcoba
tus medias derramadas
son medusas
de un mar
al que no iremos nunca

20 mar 2012

Poema XIX de La montaña hendida - Eduardo Moga.

Los cuerpos, esferas, se reúnen.
Se unifica la saliva
y circula
desde la migraña hasta el glande,
desde el sudor de la habitación
hasta la flores más negras.
Somos la saliva que gira en los miembros numéricos,
la saliva acoplada al vértigo.
Tu piel se adentra, se duplica,
cristaliza como el árbol,
ríe geológicamente,
y yo la persigo con mi piel, con la culata de la piel,
con la masticación que corona el latido.
Oigo el cuerpo,
su tránsito de bulbos, su río haciéndote,
haciéndome,
erguido bajo tus piedras
y tu consciencia.
No veo nada, salvo el círculo,
que es sol nocturno,
sed de luto
que me procura íntimos intestinos
y penumbras blandas
y besos transtornados.
Bebo, pues, bebemos,
coordinamos las glándulas,
nos bañamos en carne,
las baldosas son carne,
las pestañas son carne,
el edredón es carne,
y los líquidos en el límite de la fuga,
y el estertor de las nalgas,
y el signo igual que componemos
en esta penumbra que conserva
los enseres de nuestra soledad.
Qué rumor de vientres simultáneos.
Qué prisa de bocas
extrayendo, culpables,
lo último de nuestro cuerpos.

25 ene 2012

Cuerpo a la vista - Octavio Paz.

Y las sombras se abrieron otra vez
y mostraron su cuerpo:
tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar,
tu boca y la blanca disciplina
de tus dientes caníbales,
prisioneros en llamas,
tu piel de pan apenas dorado
y tus ojos de azúcar quemada,
sitios en donde el tiempo no transcurre,
valles que sólo mis labios conocen,
desfiladero de la una que asciende
a tu garganta entre tus senos,
cascada petrificada de la nuca,
alta meseta de tu vientre,
playa sin fin de tu costado.
Tus ojos son los ojos fijos del tigre
y un minutos después
son los ojos húmedos del perro.
Siempre hay abejas en tu pelo.
Tu espalda fluye tranquila bajo mis ojos
como las espalda del río a la luz del incendio.
Aguas dormidas golpean día y noche
tu cintura de arcilla
y en tus costas,
inmensas como los arenales de la luna,
el viento sopla por mi boca
y un largo quejido cubre con sus dos alas grises
la noche de los cuerpos,
como la sombra del águila la soledad del páramo.
Las uñas de los dedos de tus pies
están hechas del cristal del verano.
Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida,
bahía donde el mar de noche se aquieta,
negro caballo de espuma,
cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro,
boca de horno donde se hacen las hostias,
sonrientes labios entreabiertos y atroces,
nupcias de la luz y la sombra,
de lo visible y lo invisible
(allí espera la carne su resurrección
y el día de la vida perdurable)

Patria de sangre,
única tierra que conozco y me conoce,
única patria en la que creo,
única puerta al infinito.  

 

9 ene 2012

Cactus - Sahar Khalifeh.

" ¿Por qué nos duelen las canciones heridas? ¿Por qué somos un pueblo romántico? No, él no era romántico. Había dejado de serlo. O eso había llegado a creer. ¿Cómo había llegado a éste punto? Entrenamiento, disparos, serpenteo cuerpo a tierra, tensión del vientre… Y el hombre deja de ser romántico, en sus actos y en su lógica. Los sueños individuales se desvanecen, y el individuo se convierte en una bala del arsenal. Quizás la experiencia lo perfeccione y se convierta en un misil. Un misil dirigido. Esta es la lógica. Dijeron muchas cosas, dijimos muchas cosas. Cosas lógicas, ecuaciones históricas que se imponen a la existencia del individuo y éste se convierte en el número de la ecuación. Número. Números. Se conforma la ecuación de manera científica, realista, palpable. Y el romanticismo fenece. Mueren los sueños sensibles, muere la poesía. "

1 dic 2011

M. Wittig.


Y/o descubro que tu piel se te puede quitar delicadamente película a película, y/o tiro, se levanta, se enrosca bajo tus rodillas, partiendo de las ninfas, y/o tiro, se desliza a lo largo de tu vientre extremadamente fina transparente, partiendo de los riñones, y/o tiro la piel descubre los músculos redondos y los trapecios de la espalda, se levanta hasta la nuca, y/o llego bajo tu pelo, m/is dedos atraviesan la masa, y/o toco tu cráneo, y/o lo tengo con todos m/is dedos, y/o lo aprieto, y/o alcanzo la piel sobre toda la caja craneana, y/o arranco brutalmente la piel bajo los cabellos, y/o descubro la belleza del hueso brillante recorrido por los vasos sanguíneos, m/is dos manos destrozan la bóveda y el occipital se abre hacia atrás, m/is dedos se hunden ahora en las circunvoluciones cerebrales, las meninges son atravesadas y brota el liquido raquidiano por todas partes, m/is manos se sumergen en los blandos hemisferios, y/o busco el bulbo raquídeo y el cerebelo comprimido en algún lugar del fondo, y/o te tengo toda entera ahora muda inmovilizada todo tu grito bloqueado en tu garganta tus últimos pensamientos frenados tras tus ojos en mis manos, el día no es mas puro que el fondo de m/i corazón m/i muy querida.

Las tejedoras - J.Cortázar.

Las conozco, las horribles, las tejedoras
envueltas en pelusas
en colores que crecen de las manos del hilo
al cuajo tembloroso moviéndose en la red de
dedos ávidos
Hijas de la siesta, pálidas babosas escondidas del sol,
en cada patio con tinajas crece su veneno y su paciencia,
en las terrazas al anochecer, en las veredas de los barrios,
en el espacio sucio de bocinas y lamentos de la radio,
en cada hueco donde el tiempo sea un pulóver.
Teje, mujer verde, mujer húmeda, teje, teje,
amontona materias putrescibles sobre tu falda
de donde brotaron tus hijos,
esa lenta manera de vida, ese aceite de oficinas y
universidades,
esa pasión de domingo a la tarde en las tribunas.
Sé que tejen de noche, a horas secretas, se levantan del sueño
y tejen en silencio, en la tiniebla; he parado en hoteles
donde cada pieza a oscuras era una tejedora, una manga
gris o blanca saliendo debajo de la puerta; y tejen
en los bancos,
detrás de los cristales empañados, en las letrinas tejen, y
en los fríos lechos matrimoniales tejen de espaldas
al ronquido.
Tejen olvido, estupidez y lágrimas,
tejen, de día y noche tejen la ropa interna, tejen
la bolsa donde se ahoga el corazón,
tejen campanas rojas y mitones violeta para
envolvernos las rodillas,
y nuestra voz es el ovillo para su tejido, araña amor,
y este cansancio
nos cubre, arropa el alma con punto cruz punto
cadena Santa Clara,
la muerte es un tejido sin color y nos lo estás tejiendo.
¡Ahí vienen, vienen! Monstruos de nombre blando,
tejedoras,
hacendosas mujeres de los hogares nacionales,
oficinistas, rubias.
mantenidas, pálidas novicias. Los marineros tejen,
las enfermas envueltas en biombos tejen para el insomnio,
del rascacielo bajan flecos enormes de tejidos, la ciudad
está envuelta en lanas como vómitos verdes y violeta.
Ya están aquí, ya se levantan sin hablar,
solamente las manos donde las agujas brillantes van y vienen,
y tienen mans en la cara, en cada seno tienen manos, son
ciempiés son cienmanos tejiendo en un silencio
insoportable
de tangos y discursos